La autorización y las cifras del proyecto
El gobierno del Reino Unido autorizó el desarrollo del campo de gas Jackdaw, en el mar del Norte, a unos 240 kilómetros al este de Aberdeen, Escocia. La ministra de Energía, Miatta Fahnbulleh, aprobó el proyecto después de una revisión ambiental. Jackdaw había recibido una autorización inicial en 2022, pero su avance quedó detenido tras objeciones judiciales relacionadas con la evaluación de las emisiones derivadas de la quema del gas.
El Ejecutivo calcula que Jackdaw podría elevar la producción nacional de gas cerca de 6% en su punto máximo y estima una vida útil de hasta 11 años. También proyecta que el desarrollo aporte 2.900 millones de libras a la economía británica. Las referencias publican conversiones distintas de esa cifra a dólares, por lo que aquí se conserva el monto en libras.
La producción todavía no había comenzado al anunciarse la autorización. El gobierno previó que el gas podría llegar a hogares y comercios a finales de octubre de 2026. El proyecto está a cargo de Adura, empresa conjunta de Shell y Equinor; la autorización permite avanzar con su desarrollo, pero no significa que el campo ya esté produciendo.
El argumento del gobierno y el fondo energético
El primer ministro Andy Burnham describió la decisión como pragmática y sostuvo que era necesario aprovechar de forma responsable las reservas energéticas existentes para ayudar a la población mientras avanza la transición energética. El gobierno afirma que el proyecto puede contribuir a la seguridad energética y mantiene su compromiso de alcanzar emisiones netas cero para 2050.
Junto con la autorización, el gobierno anunció la creación del Energy Wealth Fund, con una inversión inicial de 2.000 millones de libras. Según el anuncio oficial, el fondo utilizará ingresos fiscales del petróleo y el gas del mar del Norte para invertir en proyectos de energía renovable y baja en carbono.
Críticas ambientales y debate sobre los precios
La autorización recibió críticas de grupos ambientalistas. El Green Party calificó la decisión de “vandalismo climático”, mientras Greenpeace sostuvo que la aprobación refleja la influencia de los grupos de presión de los combustibles fósiles. Las críticas se centran en la compatibilidad de nuevos desarrollos de gas con los objetivos climáticos.
El debate también abarca el posible efecto de la producción nacional en las facturas. Las fuentes recogen el argumento de que el aumento de la oferta doméstica no garantiza una reducción de los precios para los consumidores británicos, porque estos están vinculados a los mercados internacionales de gas y a los precios europeos. Por tanto, la autorización no demuestra que Jackdaw vaya a abaratar la energía.